quinta-feira, 31 de outubro de 2013

Para leer (mejor) al indio Patoruzú




Para leer a Patoruzú

Uno de los personajes más conocidos y significantes de la historieta argentina, y también de los más controvertidos y polémicos, una mezcla rara de superhéroe nacional,  inocente y bonachón, es el personaje creado por Dante Quinterno –Patoruzú y su outro-yo juvenil, Patoruzito- también son las tiras de una de las publicaciones de vida más extensa en la historia gráfica del país.

Igual a lo que ocurrió más tarde con Mafalda, o con el chileno Condorito, u otros importantes personajes de historieta, Patoruzú debutó con un papel secundario en otro título que Dante Quinterno publicaba desde 1927 en el famoso diario Crítica de Botana. Se trataba de la tira de historietas “Un porteño optimista”, que más tarde pasó a publicarse con el nombre de “Aventuras de Don Gil Contento”. El 17 de octubre de 1928 “Crítica” anuncia: "Don Gil Contento adoptará al indio Curugua-Curiguagüigua", y ya al día siguiente otro aviso proclama: "mañana debuta el indio Curugua-Curiguagüigua".

Por fin, el 19 de octubre surge el nuevo personaje, nacionalista e indigenista, Curugua-Curiguagüigua (más tarde Patoruzú) era el último "tehuelche gigante", venido de las entrañas de una casi desconocida y mítica Patagonia. Considerando las dificultades que presentaría el nombre guaraní, es rebautizado por el personaje central de la tira, Don Gil, y pasamos a conocer entonces al cacique como Patoruzú.

El nombre Curugua-Curiguagüigua se cambia por otro, Patoruzú, que viene de unos caramelos negros que se vendían en aquella época, llamados Pasta de Orozú. Aunque muy poca vida tuvo por el momento el nuevo personaje, ya que la publicación de la tira fue suspendida el día 21. 

Pero, siguiendo casi el mismo guión de muchas otras tiras famosas –como lo haría Condorito, décadas más tarde- hacia finales de 1928 Quinterno empieza a trabajar para “La Razón”, con una historieta llamada “Don Julián de Montepío”. Dos años más tarde, en septiembre de 1930, reaparece Patoruzú, de un modo parecido al de la anterior.  El diario explica que Julián tiene que asumirse como tutor del indio, que es una especie de herencia de un tío riquísimo de la Patagonia, en cuyo testamento Le había dejado esta extraña cláusula de exigancia al sobrino. Patoruzú es el último tehuelche, hijo de un poderoso cacique. Hay que recordar que, medio siglo antes de la aparición de Patoruzú en el mundo gráfico agentino, Miles de tehuelches, pampas y mapuches habían sido masacrados por Julio Roca, que em 1878 culminó su “campaña al desierto”, matando, aprisionando y deportando centenas de familias, condenadas a la servidumbre forzadas en las provincia e ingenios azucareros del norte.

Ceferino Namuncurá, hijo del bravo cacique del mismo apellido, secuestrado por la tropa y entregado a los cuidados de la orden de los salesianos de Don Bosco era un claro precedente de la moda que Videla iría a instaurar un siglo más tarde: matar a los rebeldes, secuestrar y dar en adopción a los hijos de los enemigos. Los tehuelches, dueños de las vastas tierras patagónicas fueron despojados de su historia. Patoruzú vendría después, para contarla de un modo diferente.

Y esto ocurrió cuando el 19 de octubre de 1928, asomándose desde el primer cuadrito de la tira por la puerta de un tren carguero, el indio lanza su grito: "¡Guaagua Piragua! ¿Vos sos mi tutor, chei? Curugua-Curiguagüigua te saluda", y Gilito Le contesta "¡Por fin llegaste Patoruzú! te bautizo con ese nombre porque el tuyo me descoyunta las mandíbulas". Desde entonces Patoruzú empieza a ser un personaje popularísimo entre el público argentino, y va dejándolo olvidado a Julián, hasta que la publicación toma definitivamente el nombre de Patoruzú en el mes de agosto de 1931, y en diciembre de 1935 la historieta empieza a publicarse en “El Mundo”. Y en 1936 aparece una página a color en la revista del diario -“Mundo Argentino”- y las tiras pasan a publicarse en otros diarios del interior del país. 

Quinterno comenzó sus instrucciones a los guionistas de la siguiente manera: “El indio Patoruzú es un símbolo, símbolo universal en el que se conjugan todas las virtudes, inalcanzables para el común de los mortales”. 

En noviembre de 1942 Quinterno estrenó “Upa en apuros”, un corto de 15 minutos, que fue el primer dibujo animado en colores de Argentina, protagonizado por Patoruzú y su hermano Upa. 
Patoruzú es un cacique tehuelche, terrateniente millonario que distribuye el tiempo entre su estancia em la Patagonia y la agitada metrópolis de Buenos Aires. Antes de los "huija" y los "canejo" que hicieron famoso a "Patoruzú", con apenas 18 años Quinterno comenzó a publicar en el diario Crítica la tira, en.

Como un espejo de una imagen muy conocida del viejo porteño, el personaje de "Las aventuras de Don Gil Contento" original,  el mismo de "Un porteño optimista", que pocos años después se transformó en Isidoro Cañones, resumía el perfil del vividor, juerguista noctámbulo, cínico y aprovechador: el "bon vivant" de la Capital Federal de los años de oro. Figura totalmente opuesta a Isidoro, inocente y de buen corazón, el cacique vive envuelto en aventuras en las que se enfrenta a toda suerte de bandidos, con su fuerza sobrehumana. Su moral de solidaridad y prefencia permanente por los más débiles y desvalidos es  inquebrantable, y resume los viejos principios de nobleza, valentía, patriotismo e integridad moral. Así es como lo quiere ver su creador, Dante Quinterno, que en octubre de 1931, en una entrevista a la revista “Aconcagua” declara: "Encontré a Patoruzú después de haber estudiado la psicología de los indios que sobreviven en el país, y me interesó especialmente el más bonachón e ingenuo. Pero es la auténtica personificación del valor, simboliza cuanto de excelso puede contener el alma humana, y en él se conjugan todas las virtudes inalcanzables para el común de los mortales. Es el hombre perfecto dentro de la imperfección humana".

Pero –igual que al Pato Donald, Zé Carioca o Condorito- también hay otras aristas y ângulos em la figura mitológica del tehuelche Patoruzú: por una parte, está claro que representa la figura rioplatense del gaucho, independiente y seguro en la naturaleza de sus actos, que siempre actúa sin dobleces. Y por otro, el personaje recrea el esterotipo romantizado del indio bueno, un ser honrado y humilde que la visión exótica y culpable redime, según la óptica occidental y cristiana, que quiere rescatar al salvaje y a la naturaleza que antes arrasó. Y la raíz misma de esta naturaleza ambivalente también la vamos encontrar, claro, en la figura del padre del personaje, Dante Quinterno. Un autor camaleónico,  que logra hacer convivir al artista y al editor, lleno de giros y de fluctuaciones políticas; fue aliado primero de la derecha golpista de Uriburu, que en 1930 derrocó al presidente constitucional Irigoyen, inaugurando el golpismo militar del siglo XX em Argentina; luego se declaró socialista y, más tarde, un moderado conservador durante el peronismo. Las acusaciones de xenofobia que se e achacaron a Patoruzú nacen del nacionalismo a ultranza del autor, que poco a poco se irá apoderando del noble cacique hasta hacer del personaje –¿a contragusto del autor?- una mascota de la funesta dictadura asesina de Videla.

“La bondad de este indio noble puede alcanzar límites insospechados, pero no confundamos su credulidad y su ingenuidad con la necedad del lelo. Generoso hasta el asombro, su inmensa fortuna es, antes que suya, de todo aquel que la necesite.” –decía Quinteros, em   un arrobo de trasfondo casi izquierdista-  “Patoruzú sale invariablemente en defensa del débil y por una causa noble se juega integro, sin retaceos. Impulsivo y arrollados, no mide los riesgos que pueda correr su integridad física, como tampoco repara en las trampas que puedan tenderle la serie de truhanes que le salen al paso”.  Y las dudas sobre su fondo ideológico persisten.

La influencia del personaje Patoruzú entre los historietistas latinoamericanos no se puede negar. Roberto Fontanarrosa escribió sobre él, diciendo que "Patoruzú no era solo su sonrisa -tiene una muy linda sonrisa ese índio- su pluma, su poncho, sus ojotas y esa suerte de "proto-pantalón vaquero", refiriéndose al jeans arremangado que usaba, atado con las boleadoras tehuelches por debajo del poncho.

Patoruzito hizo su aparición en vísperas de importantes hechos políticos para la Argentina, el 11 de octubre de 1945. Seis días más tarde, el 17 de octubre, un levantamiento de los trabajadores del Garn Buenos Aires llevaría al poder por diez años al general Perón.
Patoruzito fue editada por el sindicato editorial que Dante Quinterno ya había creado y que editaba Patoruzú desde 1936,
El Patoruzito fue una revista de aventuras que marca, en los años de la posguerra, rumbos novedosos para la historieta argentina. Era una publicación de puras narraciones de acción y diversión, contrastando con las tendencias  del Billiken, que mostraba al dibujo como un complemento del texto escrito, casi sin los globos de diálogos y con largos epígrafes en los que las ilustraciones se limitaban a mostrar algun momento de la acción.

Dante Quinterno, el dibujante que creó los personajes de la tira cuando tenía solo 18 años, publicándolos en el mítico "Crítica" de Buenos Aires, murió a los 93 años. Quinterno siempre fue considerado un conservador, en lo que hace a sus ideas políticas, y en ese sentido Patoruzú encarnó el nacionalismo de las clases altas de los años 20 que rechazaban el radicalismo irigoyenista, desconfiaba de la inmigración europea y del combativo movimiento obrero.

Hacia los finales de los 60, y para reciclar y actualizar al personaje, Patoruzú rescata a los Beatles de un secuestro que sufren en Buenos Aires, y en los 90 lucha contra una red de falsificadores de dólares, tratando siempre de no entrar en el ámbito político, en un país y en una sociedad siempre hiper politizada y al borde de la guerra civil.

Javier Villanueva. São Paulo, 31 de octubre de 2013.

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